Corria el año 1960 en Argentina, yo en ese entonces acababa de cumplir 16 años de edad y para ese entonces mi familia había tomado la decisión de enviarme a un colegio internado en un pueblito muy cercano al mío pero mucho más pequeño, de esos dónde ves a todos los mismos lugareños a diario y todos se conocen, excepto a mi por supuesto.
Allí fue donde ví por primera vez a Samanta, recuerdo el primer almuerzo en el comedor del internado, donde los grupos de chicos charlaban, se reían o simplemente escuchaban lo que ella decía, si porque se la veía muy extrovertida y con una facilidad para el habla muy particular, ese día entre el tumulto de voces la que más destacaba era la suya a pesar de estar hasta la otra punta de la mesa y yo sin saber que se me haría costumbre escucharla hablar todos los días con tanta atención.
Ella no era una persona egocéntrica ni soberbia, ella era alegría y risas, eso era lo que la diferenciaba de las demás chicas en el internado.
Yo no destacaba en absolutamente nada, no era lindo ni feo, no tenía la mejor sonrisa pero tampoco la peor, mi forma de vestir tampoco destacaba a comparación de la de otros chicos y tampoco era un habilidoso en los estudios o el deporte, yo era básicamente un cero para todos pero al menos no me hacían bullying.
Un día tomé el valor de sentarme un poco más cerca de ella para así con suerte al menos cruzar miradas o sentir que por una vez en la vida me notaría. Samanta hablaba sin parar como de costumbre, pero quedé atónito al percatarme de que en realidad no era el centro de atención o al menos no el centro de atención en el buen sentido de la palabra, ella era escuchada por dos chicas de la mesa, las demás chicas en la mesa junto a ella le clavaban una mirada filosa y llena de desdén.
En especial una, Lucy, que no tardaba en escuchar a Samanta y susurrar con sus compañeras frases despreciables como "ridícula" o "tremenda estúpida"
Me sentí muy molesto en el momento aunque Samanta pasaba de ellas al mismo tiempo me sentí feliz de poder acercarme e incluso de escucharla mientras nos mirábamos a los ojos. Era todo un avance para mi. Con el correr de los días me fue más sencillo acercarme siempre en las horas del almuerzo porque estábamos en clases diferentes.
Llegó el día en que me atrevi a hablarle justo antes de que se fuera del comedor, citandola luego de las clases cuando el sol se ponía en el horizonte en el invernadero de la escuela, yo no tenía un reloj ni nada esa era la única manera de explicárselo, ella lo dudo, su silencio fue muy incómodo pero al final acepto mi invitación.
Y ahí estaba yo esperándola después de las clases, un nudo de nervios con las manos sudando frío como todo un virgen. Hasta que en un momento la Vi acercándose a lo lejos, ella sola sin nadie que la acompañase -hola- fue lo que me dijo, después del saludo helado le invite a tomar asiento en un banco viejo de madera que estaba junto a ese invernadero, los primeros minutos fueron algo embarazosos porque yo acostumbraba a escucharla a ella hablar hasta por los codos y Samanta en ese momento estaba dandome mi espacio a expresarme por qué claro YO LA HABIA CITADO AHI.
Asique me arme de valor y le dije titubeando que me gustaba mucho y que me parecía la chica más linda del colegio y sin darle tiempo a responder le intenté dar un beso, grave error, por supuesto ella retrasó su cara dejándome ahí avergonzado, para luego responder -No te conozco nada, se que almorzamos juntos pero jamás hablas-
Ella tenía toda la razón, yo si la conocía a ella, conocía sus gustos, conocía sus sueños, conocía sus miedos pero para ella como para todos yo era un cero. Samanta se levantó para irse y antes de que se alejara lo suficiente yo le grite - prometo que voy a hablarte más! Todos los días!- volteo a mirarme y me sonrió.
Al día siguiente en el almuerzo se lo demostraría, ella no había cambiado, seguia siendo la misma chica extrovertida que se ríe cada dos por tres pero ahora yo también participaba en la charla y eso era reconfortante, aunque si bien ahora a mi también Lucy y sus amigas me observaban con rechazo como a Samanta. Antes de volver a clase me acerca a decirle -hoy voy a ir otra vez al invernadero, ojalá vayas vos tambien- ella solamente esbozó una pequeña sonrisa, pero que me lleno de esperanza.
Y ahí estaba yo, firme en el invernadero al final de clases con dos botellitas de coca cola, pero el tiempo pasaba y el sol comenzaba a esfumarse, quizás ella había fingido y yo si la había espantado. Pero cuando comenzaba a desistir la Vi acercándose a lo lejos y los ojos me brillaban como nunca en mi vida. Esta vez todo fue más natural, pudimos charlar mientras tomábamos esas coca colas, hasta que en un momento, cuando la luna ya estaba sobre nosotros, nos quedamos mirándonos fijo y supe que tenía que intentarlo de nuevo, intentar besarla. Estuve tan cerca de sus labios pero ella en el último segundo en lugar de besarme me mordió los labios, si me dolió pero al menos está vez no quitó su cara frente a la mía, después solo se fue.
Otro día más en el comedor del colegio y este sería un día clave, mientras Samanta y yo charlamos en la mesa, Lucy comenzaba con sus fastidiosos susurros, asique le hice un gesto a Samanta para que guardase silencio, mire a Lucy y le dije - Hey Lucy déjame decirte algo - ella me miró de arriba abajo con desprecio y ni siquiera respondió, entonces yo le di un par de segundos para responderme, pero eso no pasó y simplemente le dije frente a todos en el comedor - Sos una persona horrible, en todo sentido porque además SOS una piba re fea, un asco-
Jamás se hubiera esperado que alguien le dijera eso y todos en el comedor empezaron a corear - oooooooh !! - eso la saco completamente de lugar, se levantó y se fue llorando del salon, Samanta estaba totalmente sorprendida y creo que todos ahí lo estaban, no pasó a mayores justo ahí pero todo trae sus consecuencias. En el recreo Samanta vino a buscarme y me dijo - necesito decirte algo, acompañame- me tomo de la mano y me llevo a un pasillo donde no hubiera nadie - ¿ Hey que pasó?- le pregunté preocupado.
- Gordo hoy te va a pegar con sus amigos por insultar a Lucy- yo llevaba poco tiempo en el colegio pero sabía quién era Gordo, un pibe traumado con esas películas de mafiosos de 1940 siempre parecía estar haciendo un personaje, se llamaba Gordo y era irónico porque era un Gordo literal, pero lo peor del problema es que nunca andaba solo, siempre iba con dos traumado más y les gustaba meterse en peleas no solo en el internado sino también con los chicos del pueblo. - ¿ Vos cómo sabes? ¿ Es novio de Lucy ?-
- No, pero a Gordo le gusta Lucy hace años y se enteró porque estaba en el comedor al parecer, tené cuidado-
La verdad era que estábamos todos en un internado y vivíamos ahí o sea que en algún momento en la vida iba a encontrarme con Gordo - No pasa nada, no me da miedo el pibe - le menti un poco de miedo si me daba como a cualquier persona de 16 que va a tener que pelear.
-No quiero que te pase nada- me dijo Samanta y después sin que me lo esperara me dió un beso, un beso de verdad sin mordidas. Justo lo que había estado esperando cuando menos me lo imaginaba. El recreo termino y pronto terminarían las clases.
Gordo era como yo, un chico que le gustaba una chica que no lo notaba, yo insulte a Lucy por Samanta y Gordo me daría una golpiza por Lucy, que paradoja.
Al final de clases me encontré con Samanta afuera y me llevo de la mano al invernadero, me dijo que su plan era distraer a Gordo y sus secuaces en lo que yo me iba a los dormitorios y Así fue ella, se encontró con ellos y mientras les hablaba para que no me peguen yo me escabulli a los dormitorios.
Samanta había hecho todo eso por mi, pero no tuve ni tiempo de sentirme agradecido porque ahí estaba Gordo en las puertas de los dormitorios y por supuesto me vio, se abalanzó hacia mi, él estaba solo, yo tenía una chance de ganar la pelea no la podía desperdiciar por nada, porque si yo no peleaba con el cuando estaba solo y me acobardaba después cuando estuviera con sus amigos me harían la vida imposible por miedoso.
Así que ahí estábamos, Gordo lanzando puñetazos y yo evadiendo a diestra y siniestra hasta que en un momento aproveche un tropezón de mi contrincante para asestarle un codazo en medio de la nariz que lo dejo en el suelo, la pelea había terminado.
Esto fue un sueño que tuve hoy y como me pareció muy interesante decidí publicarlo, gracias por leer