Una sumatoria de fallos, una seguidilla de malos ratos y el auto esperando por mi.
Una sonrisa calida que no pude corresponder por mi estado puro de nerviosismo y malestar, el aire acondicionado erizando mi piel el sol comenzando a esconderse a medida que avanzabamos, el conductor mi gran amigo, al notar mi desasosiego simplemente se avocó a la tarea de distraerme con anecdotas de su dia a dia, pero yo no podia escucharlo.
Podia oir su voz como si hablase dentro de una botella, el sudor frio recorria mi cuerpo y empezaba a sentir la presion en cada poro de mi piel como si algo estuviese por florecer de mi cuerpo, ratos de adormecimiento en cada una de mis extremidades y momentos de espasmo viajando hasta las puntas de los dedos de mis pies provocando movimientos involuntarios que él no notaba en absoluto.
Cinco minutos de que estaba abordo del auto o quizas diez o veinte, no sabria decir y en cuanto quise darme cuenta ya no podia hablar, no me salian las palabras como si mi boca estuviese sellada por completo.
El terror se apoderó de mi cuando el horizonte desde ese parabrisas se volvió confuso, ni calles, ni arboles, personas totalmente borrosas como si el piloto condujera a una velocidad abismal, todo era color atardecer, unos tonos rosas y naranjas invadian mis pupilas.
Tampoco mis brazos respondian, era como si ya no los tuviera,sentia el cinturon de seguridad aprisionar mi pecho mucho mas fuerte que la angustia y me resistia a la idea de desistir con lo unico que me quedaba, mi mente.
Cada curva se volvio un desafio para mantener el cuerpo centrado, todo era un completo vortice, en un punto sentia como si solo estuviese yo ahi levitando, siguiendo los trazos de la carretera hasta el inminente cansancio.
Ya no esperaba nada, la idea de llegar a algun lugar desapareció.
La angustia que tanto me abrumaba se volvio insignificante, senti mucho sueño y ya no me resisti a la idea de finalmente descansar.